No para de llover.
No para de llover.
El hijo.
No para de llover,
ni el hijo desvergonzado deja de avergonzar, ni de amar.
La mujer triste lo mira y un buen padre sonrie.
El hijo.
La madre.
No para de llover.
Y los amantes de la noche,
se detienen a mirar.
Se besan mientras llueve y se desnudan mientras anochece.
La noche, no para de llover,
ni los amantes furtivos dejan de besarse.
La mujer, madre triste, se mira al espejo.
Pero mira solo al pasado…
Cuando esos amantes que ahora miran,
y esperan, y anhelan al hijo desvergonzado,
eran los que se besaban y se amaban…
y esperaban, y ahora solo miran llover.
mayo 9, 2012 Leave a comment
Tener que vivir.
Tener que vivir como la respiración diaria, así sin sentir, sin percibir el paso del tiempo, de los segundos, hasta que algunos años se han acumulado a nuestras espaldas. Tener que vivir como el comer, así, despertando con el hambre para hacerlo, pero perdiendo la sensibilidad en los paladares por la costumbre adquirida. Tener que vivir como el bañarnos, así de gozosos los días que lo hacemos en plenitud sin que nada ni nadie nos apresure para hacerlo, simplemente por el placer de hacerlo. Tener que vivir como beber en un día caluroso, atragantándonos a cada momento, sintiendo cómo la vitalidad nos abraza por dentro de nosotros, siendo plenos y calmando la sed de ser, de creer, de escuchar, de sentir. Tener que vivir como la vocación, sin la necesidad de hacerlo, sin la obligación y solo por el compromiso propio que hemos adquirido con nosotros mismos y por el placer de saber que el pago esta en la actividad misma y no en un papel membretado por el poder y el enriquecimiento. Tener que vivir como tener hijos, padres, tíos o abuelos, aunque nunca se sepa si se sigue ahí, si se existe, si se puede confiar o si es mejor estar lejos y solo. Tener que vivir, porque tenemos que vivir. Tener que vivir porque la vida se nos hace corta cuando sabemos los años que creemos habremos de vivir. Tener que vivir sin saber, con la incertidumbre, esa implacable y rigurosa señorita que está siempre a la puerta de nuestras casas llamadas “existencia”, y que nos acompaña tan imperceptible pero tan presente como nuestra propia sombra.
marzo 19, 2012 Leave a comment